Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

 

Título: EL UNIVERSO SENSIBLE.

Autor: GUILLERMO AGUDELO MURGUÍA Y JUAN SEBASTIAN AGUDELO

Instituto de Investigaciones sobre la Evolución Humana, A.C., colección Hacia el futuro, México

© 2002 Guillermo Agudelo Murguía; Juan Sebastián Agudelo

 

 

 

EL UNIVERSO SENSIBLE.

INDICE

Presentación …………………………………………………………………………2

Prefacio  …..………………………………………………………………………….6

Introducción  ..….…………………………………………………………………11

Capítulo 1    LA PREGUNTA DE AUDEN, LA RESPUESTA

DE GOULD ……………………………………………………...18

Capítulo 2    LA MÚSICA DEL UNIVERSO …………………………….…….48

Capítulo 3    QUANTUM: PUNTOS EXTREMOS ……….......……………….77

Capítulo 4     EL SIEMPRE INALCANZABLE SANTO GRIAL:

LA TEORÍA  DEL TODO ……………………………………102

Capítulo 5    DE BÁRBAROS Y BLASFEMO S……………………………..117

Capítulo 6     EL ABISMO DE LA SÍNTESIS: EL FENÓMENO

 HUMANO COMO UNA HISTORIA UNIVERSAL ………136

Capítulo 7    EL PUNTO DE PARTIDA DETERMINA EL DESTINO …….156

Capítulo 8    LA EVOLUCIÓN CÓSMICA: UN MODELO ……………..….178

Capítulo 9    COMPLEJIDAD Y EVOLUCIÓN ………………………..……206

Epílogo         LA VISIÓN DE TEILHARD DE CHARDIN ………………..226

Bibliografía ………………………………………………………………. 250

 

PRESENTACIÓN

 

Ha debido costar mucho esfuerzo culminar este libro, pese al acervo de erudición y cultura científicas de los autores. Me parece una expresión de generosidad, enhebrada con la maestría de un detective de la ciencia metido a cirujano del conocimiento científico, muy de agradecer. Pero hay bastante más.

Esta obra es una contribución al mundo de la ciencia y del pensamiento, que nunca debieron separarse. Más exactamente, es una aportación y un refuerzo a la “y” [o al guión o a la relación, llamémosla conciencia], que a la vez los une y los distancia.

Se desarrolla en un sentido y con un compás distinto al de la ciencia convencional, pero también difiere de las inercias hacia la estrechez de la formación académica al uso, del prurito de rentabilidad ciega característico de esta sociedad de sonámbulos satisfechos (N. Caballero) y sistemas egocéntricos, de la macdonalización de los contenidos de la vida cotidiana, incluidas educación y ciencia, etc.

Todas estas razones nos han forzado a soltar la amarra de lo esencial. Por ello, cuando alguien nos ofrece néctar de cultura fundamental, no sólo se agradece, sino que se comprende su utilidad en el marco de un diálogo profundo y posible de conciencia a conciencia.

Los señores Agudelo toman como referente a un autor injusta y torpemente desaprovechado: Pierre Teilhard de Chardin, nacido en 1881, como Pablo Picasso o Cousinet, y muerto en 1955, con sólo unos días de diferencia de A. Einstein. Para algunos –entre los que me encuentro-, Teilhard de Chardin es el germen del nuevo paradigma de la complejidad, de la evolución o de la universalidad.

Los autores no tratan tanto de reparar el daño que la iglesia católica infringió a este jesuita prohibido (Vigorelli), sino de mostrar la actualidad de sus tesis, esta vez desde la ciencia. Lo que ocurre es que, al hacerlo, impacta inevitablemente en la esfera de la conciencia personal y colectiva del científico. Por eso su lectura resulta a la vez ilustrativa, formativa y cercana.

El universo sensible discurre a lo largo de dos trayectorias convergentes. Por un lado, recorre la circunferencia de la actualidad científica de algunas realizaciones sobresalientes. Por otro, desciende al centro de su geometría e indaga en la percepción del científico.

Desde esta dialéctica exterior-interior, nos invita a todos a reflexionar conjuntamente sobre el eje de la posible evolución de un universo orientado hacia el Omega teilhardiano. Esta inducción es tan importante, tan definitoria o tan necesaria como la brújula para el excursionista. ¿Cómo podría si no aquella circunferencia pasar de una estructura plana (recurrente y sin profundidad) a la espiral (autoconstructiva y elevable)?

La vida humana y el quehacer científico –parafraseando al propio Teilhard de Chardin- podrían aparecer, a los ojos de un observador externo, como un inmenso tanteo no aleatorio. De esto deducimos [desde el criterio de complejidad de conciencia], que existen varios grupos de científicos:

  1. Los que saben o creen que saben, y centran su motivación en los qués y en los porqués. Podríamos denominarles científicos explicativos. Sin duda, integrarían la mayor parte de la comunidad de investigadores.
  2. Los que saben que saben, y han podido ahondar en la naturaleza y raíces epistémicas de su conocimiento. Serían los científicos reflexivos.
  3. Los que saben lo que saben y no saben, y han profundizado en la propia madurez personal, buscando su integración con la formación profesional. Podríamos calificarles como científicos humildes.
  4. Los que saben para qué saben que saben, a su vez, de dos clases:
    1. Aquellos cuyo para qué se orienta a la rentabilidad de su sistema concreto (tiempo, espacio, ámbito científico, nación, religión, cultura, etc.) -que son la mayoría de ellos-. Identifiquémoslos como científicos sistémicos, parciales o egocéntricos.
    2. Aquellos cuya motivación les lleva a interpretar la vida como un proceso de evolución trascendente cuyas coordenadas van mucho más allá de su sistema, su parcialidad, su limitación, su terrenito, etc. Podríamos llamarles científicos complejos, evolucionistas, universales.

Desde luego, hay pocos con este último perfil, quizá propio de quienes han cultivado su mentalidad y no sólo se han centrado en lo objetal (investigaciones, sistema rentable, etc.), porque han entendido su trabajo como punto de partida, y no como punto de llegada. Pero cada vez son más y más.

La obra los señores Agudelo, orientada a un futuro posible vertebrado por una sensibilidad, una conciencia, una ciencia y una educación más complejas, es una producción del último grupo. Por tanto, podría acicatear a los demás, no sólo desde numerosos contenidos -por ejemplo, los contenidos sustantivos que desarrolla su trabajo-, sino desde aquello que los mueve y los orienta. O sea, desde la respuesta al para qué del conocimiento científico, en el seno de un universo evolutivo, del cual el ser humano actual no es el centro ni sobre todo una culminación, sino un eslabón hallado del ser humano que todavía no nacido, un paso hacia la noosferización, un centímetro primero de un viaje apasionante que apenas ha empezado.

Ésta es, a mi juicio, la utilidad teleológica de este trabajo, que estimo fundamental para la preparación del profesional que se forma en la universidad o a lo largo de su vida.

AGUSTÍN DE LA HERRÁN GASCÓN

Universidad Autónoma de Madrid